Hablar del efecto producido por Ca7riel y Paco Amoroso en la industria musical y del impacto en Argentina de su reciente presentación en el Tiny Desk Concert es, un mes después, un buen argumento para continuar la discusión sobre los músicos que llegan a este amable formato de la NPR (iniciales de la Radio Pública Nacional de los EEUU), que a 16 años de su existencia se ha convertido en un legitimador de artistas consolidados y en algunos casos, un trofeo para otros que ni siquiera dan la talla para despojarse de cualquier ayuda tecnológica a la hora de interpretar eso por lo que se hacen famosos.
Esta dupla de cantantes urbanos de «La Ciudad de la Furia» le apuestan al Trap en su primer álbum llamado «Baño María», y hasta ahí los prejuicios me empezaban a subir los indicadores de otro fraude musical en el que los aspirantes se apropian de un sub-género para procurar salir a flote en un mercado cada vez más competido y lleno de ruido uniformado; el breve show de 17 minutos era apenas la punta del iceberg.
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Por fortuna, y a pesar de las ácidas críticas, una gran audiencia los descubrió en el «Tiny» y nos dimos cuenta no solo de la mezcla de talento con desparpajo y humor, sino del sólido sonido que alcanzaron con este ensamble de Jazz/Pop que ensayó y transcribió la atmósfera de sus canciones a un formato elaborado, y aún divertido.
Los medios argentinos hablaron durante todo octubre de «la renovación de la música urbana» que significaba el alcance del show de Ca7riel y Paco Amoroso, pero en las entrevistas dejan entrever a carcajadas que tampoco se lo toman en serio, y que en realidad escriben, cantan y tocan instrumentos, lo que hace la notable diferencia con todo su gremio, simpatizante de la sociedad del menor esfuerzo, en donde sobresalen por todas las razones posibles su posesiones, y poco el talento; todo es importante, excepto la música.
Sería bueno echarle un vistazo a este concierto en estos días de indicativos internacionales y terminar conectándose a la música de Ca7riel y Paco, porque, mientras que en Colombia, la supuesta élite del género entierra el esfuerzo por rescatar la re-puta-ción que nos persigue con monumentos a la inferioridad como «+57», desde +54 nos ofrecen una lección estratégica de talento y capacidades.




