El calentamiento global puede haber provocado la mayor tormenta de polvo del Sahara de los últimos sesenta años, que tras haber cubierto el Caribe y Centroamérica comienza a llegar a Florida. Así lo afirma Joseph Prospero, un científico que lleva décadas estudiando este tipo de fenómenos.
El polvo del desierto del Sahara es un fenómeno que ocurre a lo largo de todo el año, debido a la combinación del calor, la aridez del terreno y la aparición de fuertes vientos.
“Es curioso que este fenómeno particular ocurra cuando se han registrado las mayores temperaturas en el noroeste de África. Es muy posible que el cambio climático y el calentamiento global afecten y aumenten la cantidad de polvo que se transporta a lo largo del planeta”, opinó este profesor emérito de ciencias atmosféricas de la Universidad de Miami.
En esta ocasión el polvo recorrió más 5.000 kilómetros hasta llegar hasta las costas del sur de Estados Unidos gracias a una serie de vientos provenientes de la Península Ibérica que trasladaron una gran concentración de partículas a “la capa del Sahara”, situada a unos cuatro kilómetros de altura
El polvo llegó primero a la zona de la costa del golfo de México pero se ha ido desplazando hacia el este y los expertos como Prospero o el portal especializado AccuWeather no descartan que se vaya desplazando hacia el noreste y alcance otros estados más allá de Florida.
Este fenómeno, que es “habitual” en los Estados Unidos durante los meses de junio y julio, ha dado un respiro durante los últimos días a la cuenca atlántica, donde ya ha comenzado una temporada de huracanes que este año se espera que sea “más activa de lo habitual”.
“Este tipo de tormentas se convierten en un complejo sistema y ya hay evidencias y estudios que demuestran que el aire seco y caliente de la capa del Sáhara y el polvo puede suavizar la fuerza de los ciclones tropicales”, añadió el profesor de la Universidad de Miami.
La incidencia de este evento atmosférico suele reducirse conforme avanza el verano, ya que “estas tormentas se suelen desviar hacia el sur”, lo cual favorece el momento álgido de los ciclones.
Las partículas que transportan también resultan beneficiosas para la fertilización del suelo al proporcionar hierro y nutrientes de un aire completamente limpio y que no ha sido contaminado en ningún momento.
Prospero reconoce que este tipo de partículas también “pueden acarrear consecuencias para la salud”, aunque este es un tema poco estudiado dada la dificultad para analizar individualmente estos fenómenos sin contar con loselementos contaminantes presentes en el aire.
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Normalmente los estándares en la calidad del aire indican que los pulmones pueden absorber las partículas de polvo más pequeñas de 2,5 micrómetros de diámetro, mientras todas las que son inferiores a diez micrómetros entran en nuestras fosas nasales y en la tráquea.
Siendo la COVID-19 una enfermedad que afecta especialmente a las vías respiratorias, “el polvo no ayudará en absoluto a nadie” que tenga ya problemas de ese tipo.




