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Perú: Castillo de naipes

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La delicada situación política en Perú no puede ser comparable con las situaciones que viven otros gobiernos de América, donde el caldeado ambiente de polarización ad portas de una recesión económica y el péndulo post covidiano nos tienen en un clima de tensión inusitado que además se matiza por gobiernos que en su mayoría son de izquierda.

La decisión del hoy ex presidente Pedro Castillo de darle un golpe de gracia al legislativo ante la inminente aplicación de la vacancia que lo dejaría fuera del cargo, fue un autogol que lo sacó del cargo y lo mandó a la cárcel por su propia torpeza y falta de conocimiento.

Adicionalmente ha suscitado algunas protestas cerca de la Plaza de Armas de la capital peruana, pero no trastornos ni afectación a la dinámica de la capital peruana ni mucho menos la vida cotidiana de la sierra, selva y costa en un país que vive hoy su temporada alta turística, uno de los principales renglones que permite la llegada de miles de visitantes y una derrama que es clave para el bolsillo de muchas familias en varias regiones.

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La pregunta clave -más allá de las sensaciones que quieren generar ciertos sectores políticos con un claro interés en el país- debería ser: ¿Cómo darle mayor solidez a una democracia lastimada por tantos líderes quemados dentro de un ejecutivo nacional, en un corto período de tiempo?

El sistema político de las democracias liberales latinoamericanas es una herencia emanda de un diseño ilustrado europeo, con toques de cada país según sus procesos históricos, políticos y económicos; una fuerte influencia norteamericana; aseguradas bajo modelos donde los pesos y contrapesos buscan impedir los nocivos totalitarismos, las democracias directas u otro tipo de “Frankenstein” que vayan en contra de los circuitos institucionalidad y la democracia como un sistema que es idealmente plural y de todos los ciudadanos.

Perú ha tenido 6 presidentes en 48 meses y acaba de estrenar a la primera mujer que lidera su ejecutivo, a quien no parece quedarle alternativa distinta que citar a elecciones con urgencia para no convertirse en la séptima víctima de un sistema de contrapesos que más parece un ring de boxeo, en la relación del gobierno y el legislativo nacional.

Pienso que la sociedad peruana en pleno debe avanzar con una gran reforma constitucional, pero esta -paradójicamente- no puede hoy ser iniciativa de los partidos, de los líderes tradicionales, sino que debe fluir desde la base social en clave de gobernanza, de sectores productivos y movimientos de base que no estén invilucrados por estos quiebres de los que hoy el ciudadano peruano promedio afirma quererse alejar (Gallup nov 2020). Grave contraste: la solución a la inestabilidad política en el sistema de poder peruano está en las manos de peruanos y peruanas que hoy no quieren – como muchos latinoamericanos- tener relación alguna con la política.

John Alexander Rodríguez
John Alexander Rodríguezhttp://elmetroco.wordpress.com
Comunicador Social - Periodista de la ciudad de Medellín con más de 20 años de experiencia. Amante de la buena música, deeejay los fines de semana y emprendedor.
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