Pensar en mi papá es pensar en un hombre íntegro que desde siempre ha tenido claros sus no negociables.
Para él lo más importante es su familia y por ella se ha hecho “moler”. Desde pequeña me enseñó que «ningún éxito en la vida compensa el fracaso de un hogar» y sus casi 47 años de matrimonio demuestran que lo ha tenido claro, no porque haya sido fácil sino porque ha sabido luchar cada día por mantener encendida la llama del amor.
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Trabajó incansablemente para darnos el sustento diario, nos enseñó a distinguir entre lo necesario y lo superfluo, fue «muro de contención» frente a una sociedad de consumo arrolladora diciéndonos constantemente que “al que no se mide, lo miden”, nos enseñó que «el que paga lo que debe sabe lo que tiene», así que el mejor negocio es no deberle un peso a nadie.
No le gusta pedir nada prestado (mucho menos dinero), para él «el que come tierra, carga su terrón», así que cada uno debe tener lo que necesita para no incomodar al otro.
Siempre ha sido usuario del transporte público, especialmente del metro, pero sus piernas son el mejor «vehículo»: recorre calles y montañas sin congestiones ni incomodidades, mientras va observando cada detalle que encuentra a su paso haciendo la labor admirable de «veedor ciudadano».
El computador es su mejor aliado, se comunica con quien necesita y expresa con libertad sus opiniones en redes sociales, especialmente en Twitter, frente a todos los temas de actualidad local y mundial. Lástima que algunos prefieren bloquearlo para no seguir recibiendo las múltiples sugerencias y comentarios que él plantea frente a temas de ciudad y país.
Su amor por Colombia, Antioquia y Medellín son parte del legado que ha querido enseñarnos. Para él, antes de salir a conocer el mundo hay que conocer cada rincón de Colombia y, por eso, nuestras vacaciones familiares siempre fueron en territorio nacional. La posibilidad de vivir en otro lugar jamás cruza por su mente; considera que lo mejor de cualquier paseo es el regreso para Medellín y hay que oírlo cantando: “Si se quiere divertir (Medellín), Si se quiere enamorar (Medellín)… Me voy pa’ allá, paisa seré, en Medellín me quedaré…”.
La sabiduría, a la hora del consejo, nunca falta.
Conoce a mucha gente, pero tiene claro que los amigos se cuentan en los dedos de las manos… «amigo» no se le dice a cualquiera.
Su visión de la vida y el parámetro claro de lo que está bien y lo que está mal siguiendo la enseñanza de su padre cuando le decía que «lo que no es normal es anormal» y esto le permite ser radical frente a un mundo invadido por el relativismo.
Hoy valoro cada enseñanza recibida porque, como lo dice Proverbios 1:9, ellas son guirnalda de gracia para mi cabeza, y collares para mi cuello.
Solo me queda decir ¡gracias papá por cada una de tus enseñanzas y por ser un hermoso reflejo del amor de Dios en mi vida!





