Lo que natura no da…

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Mi primera noche en Salamanca comenzó en una fachada y terminó en San Marcos. Ya mismo les cuento.

El rey Alfonso IX de León (1171-1230) quiso tener estudios superiores en su reino y por ello creó en 1218 las ‘scholas Salamanticae’, germen de la actual Universidad de Salamanca. Don Alfonso fue un hombre ilustrado y adelantado a su tiempo, no solo por haber creado esta gran institución universitaria, sino también por otras acciones como plantear las primeras Cortes que permitían la participación de diversos sectores de la población además de los habituales nobles. Su hijo Fernando III, El Santo, le dio un gran impulso al Alma Máter y su nieto Alfonso X, El Sabio, la convirtió en la primera universidad que ostentaba ese título en Europa, a partir del 6 de mayo de 1254. Al Año siguiente, el papa Alejandro IV publicó las bulas pontificias que reconocen la validez universal de los grados por ella otorgados y le concede el privilegio de tener sello propio. Salamanca se convirtió, junto con París, Oxford y Bolonia en una de las primeras universidades europeas y hoy en día es la única española que ha mantenido su actividad durante más de ocho siglos de historia ininterrumpida creando, promocionando y divulgando conocimiento y arte.

La Fachada de la Universidad es de 1529 y su autor habría sido Juan de Talavera, según un estudio reciente. Pertenece al estilo plateresco, que se desarrolló en los primeros 30 años del siglo XVI. Se caracteriza por una minuciosa y abundante decoración. Para muchos es la obra maestra del plateresco español. En la fachada destacan el medallón de los Reyes Católicos que empuñan un cetro. «Los Reyes a la Universidad y la Universidad a los Reyes». De igual manera se pueden apreciar símbolos de los reinos de la Corona Hispánica, el águila de San Juan, el águila bicéfala, el emperador Carlos junto a su madre, la reina Juana I de Castilla. También contiene retratos de emperadores y generales romanos, de un Papa hablando desde su cátedra a seis hombres y de los dioses romanos Hércules y Venus. A pesar de que es un importante centro de ciencia, entre la exquisita decoración de la fachada también hay lugar para la superstición. Encima de un cráneo se encuentra la escultura de un pequeño animal que sirve como santo y seña a los estudiantes. Se le usa desde entonces como representación de la lujuria asociada a la muerte y, según la tradición, se cree que su hallazgo en la fachada augura éxito en los estudios.

Luego de hallar el esquivo animal me fui andando a La Catedral, con la intención de dar gracias. Estuve merodeando por su entorno y deleitándome en el revoloteo de sus musas, pero estaba cerrada. Atisbé su interior por una puerta y me prometí volver. Regresé a la Plaza Mayor para ver el poniente y al hotel para tomar una ducha. Dos horas después emprendí la búsqueda de un templo para rendirle tributo a la patrona del día. Me detuve ante el vecino Palacio de Monterrey, residencia de la Casa de Alba en la ciudad, para apreciar la imponente torre cantada por Unamuno.

Torre de Monterrey, cuadrada torre,
que miras desfilar hombres y días,
tú me hablas del pasado y del futuro
Renacimiento.

De día el sol te dora y a sus rayos
se aduermen tus recuerdos vagarosos,
te enjalbega la Luna por las noches
y se despiertan…

Continué el recorrido nocturno haciendo fotos de las plazas, esculturas, nombres de calles y otros monumentos hasta que di con la Iglesia de Santa María Magdalena y, a pesar de estar cerrada, toqué su puerta y le rendí tributo con fotos de la fachada. Alcancé a saber que durante el verano no hay misa de 8 de la tarde. Ya era medianoche, pero había algunos locales abiertos en su entorno. Me senté en una mesa de terraza frente a la Iglesia de San Marcos, en la esquina de Calle Zamora con Paseo de Las Carmelitas.

La Iglesia de San Marcos es de estilo románico y se encuentra en la zona de la antigua muralla de la ciudad en la Puerta de Zamora. Fue construida a fines del siglo XI o inicios del XII y estaba destinada a ser una parroquia. Es singular por su planta redonda y por su pequeño tamaño. En una época fue la sede de la Real Clerecía de San Marcos. En la plaza de San Marcos me tomé unas cañas y comí unos bocadillos.

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Volví a la Plaza Mayor, haciendo el recorrido inverso, a la 1.30 de la madrugada. Contemplé la Luna casi Llena desde una de las bancas. La luz azul acariciaba el lugar llenándolo de esplendor y misterio. Nunca pensé que estar en Salamanca me sería algo tan cercano y familiar. Allí estuve, en silencio, hasta que los encargados del aseo irrumpieron en la escena dejándola reluciente para el nuevo día.

Volví al hotel con una bella intuición entre pecho y espalda.

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John Alexander Rodríguez
John Alexander Rodríguezhttp://elmetroco.wordpress.com
Comunicador Social - Periodista de la ciudad de Medellín con más de 20 años de experiencia. Amante de la buena música, deeejay los fines de semana y emprendedor.
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