Por: Mauricio Galeano Quiroz – Comunicador Social-Periodista – @Maurosgal
En 1996 llegué como estudiante de pregrado a la Universidad de Antioquia y desde hace 20 años trabajo en el área administrativa; en este claustro académico estudié también mi posgrado y he tenido la oportunidad de ser profesor de cátedra.
Como yo, somos miles de colombianos los que tenemos mucho que agradecerle a la Universidad de Antioquia, Alma Máter de los antioqueños, porque gracias a su calidad académica nuestras vidas se transformaron y hoy nos sentimos orgullosos de ser egresados, estudiantes, profesores, jubilados o empleados administrativos de esta institución bicentenaria.
La UdeA se caracteriza por la calidad y certificación de sus análisis y procesos de laboratorio, también por sus más de 270 grupos de investigación que generan conocimiento y brindan alternativas de solución a problemáticas de empresas públicas y privadas que requieren permanentemente de su know how, su oferta de educación continua ayuda a fortalecer la vocación de muchos estudiantes, tiene preuniversitarios que aumentan las posibilidades de acceder a sus posgrados y un sinnúmero de actividades que la sociedad desconoce y que puede aprovechar.
Por estos días ha salido a flote el tema de la desfinanciación de nuestra amada UdeA. El asunto –que no es nuevo– es tema de conversación en almuerzos, en ‘cerveciadas’ y tomadas de tinto de amigos de la U, en las oficinas y en los corrillos. Y la pregunta que surge como conclusión es: ¿Qué vamos hacer los de la UdeA? ¿Cómo podemos ayudar los que hemos pasado y tenemos tanto que agradecerle a la UdeA?
Y como universitario una propuesta que planteo es que quienes trabajamos allí –para que día a día la oferta académica sea de alta calidad– debemos salir a promover sus servicios, porque son muchas las capacidades que tenemos como institución educativa. Porque el discurso que se escucha es hay que reducir contratos, hay que ser austeros en los gastos, hay que medir el presupuesto. ¡Y es cierto! Pero también hay que gestionar recursos.
Es hora de que directivos, profesores y empleados administrativos nos pellizquemos y salgamos a buscar nuevos convenios, proyectos y contratos en la ciudad o licitaciones públicas en Bogotá, en otros departamentos del país y con la empresa privada. Es importante resaltar que más del 50% del presupuesto de la UdeA se consigue a través de los servicios de extensión; es decir, del relacionamiento con la comunidad y de los servicios que se desarrollan con y para ella.
También es hora de interactuar y estrechar lazos con nuestros egresados de diferentes disciplinas que lideran o gerencian empresas del sector privado, que ocupan cargos directivos en el sector público, o que tienen consolidadas sus iniciativas de emprendimiento para ofrecerles nuestro portafolio y que desde sus necesidades tecnológicas le den una mano a su Alma Máter.
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La situación económica de las universidades públicas del país no es un problema de ahora, desde hace años se anhela un presupuesto mayor para formar a estudiantes de pregrado de estratos 1, 2 y 3 que no tienen la posibilidad económica de pagar matrículas millonarias en instituciones privadas; por eso la UdeA es una de las tablas de salvación para obtener un título profesional.
Hoy el llamado es a generar una campaña para ayudar a la UdeA, pero no con Vakis ni campañas de donación, sino utilizando sus servicios y portafolio de extensión, estableciendo y afianzando convenios con ella, matriculándose en sus cursos de educación continua, diplomas, semilleros y posgrados… Aprovechando ese conocimiento que en ella se desborda y que ha ayudado a trazar el avance social e industrial de este país.
En la Universidad de Antioquia tenemos grandes capacidades académicas, tecnológicas y científicas; pero es hora de dejar de ser la «Universidad de los mudos» (como me dijo a manera de reproche hace algunos años Luis Alberto Mogollón, exdirector de Caracol Radio Medellín), y empezar a mercadear fuertemente nuestros servicios. La sociedad evoluciona permanentemente y no podemos seguir viviendo de los 220 años de historia.
Tenemos con qué salir adelante y esta situación crítica se convierte en una oportunidad para mostrarle a Colombia y el mundo el talante, las capacidades y la pujanza de los universitarios de nuestra amada UdeA.




