Hay un cuento callejero, un mito urbano, tenebroso y lúgubre. A veces su narración se escucha en pasillos penumbrosos y entre corrillos de bar de mala muerte no falta el borrachín que escupa saliva mientras la describe, algunos la traen como ejemplo de entereza, inspiración para lograr la cima, la meta y otros como demostración de flaqueza, ineptitud y subdesarrollo.
La historia intenta exagerar los fracasos de los colombianos cuando se unen y magnifica los que triunfan en solitario. Para lograr convencer, el orador se basa en los deportistas que compiten de manera individual, en demérito de los deportistas que compiten de forma grupal. Así es, la argumentación exalta a los futbolistas colombianos que viven en países lejanos y triunfan en solitario, así mismo, infla a los atletas como la bella saltadora negra Caterin Ibargüen que sin equipo, salta más que sus contrincantes, también resalta al automovilista Montoya, que raudo y sin copiloto, rebasa a Schumacher y ovaciona a la bicicrosista Mariana Pajón, quien pedalea, ella sola, sin la ayuda de coequipero alguno.
Los narradores de estas historias posan, son histriónicos, exageran gestos, mueven sus manos para acentuar el tono de la voz, son culebreros, son llamados: vendedores de ideas, venden creencias, comercializan humo. Todo se trata de una confabulación histórica y social, es solo una fantástica unión de argucias, es una ficción al óleo, una pintura que parece tener vida, pero no es así, es sólo un cuadro colgado en la pared que convence con trazos y líneas brillantes y atractivas, sobre un lienzo corrompido, viejo y gastado.
La gente mira, impávidos, a estos sofistas, nadie mueve un párpado, lelos, les creen a pie juntillas. Pero la historia prosigue. Luego aparecen los ejemplos para destruir. Esta vez son deportistas que compiten en equipo, deportes de conjunto. Comienzan por el fútbol y lo destrozan. Hablan de la selección Colombia en el mundial en Brasil, del gol de Yepes que nunca fue y hacen énfasis en James, que solo, sí, él solo, metió el mejor gol del mundial, claro, no olvidan mencionar el fracaso en el 94 en USA. Siguen con los mundiales de ciclismo por equipos donde no hemos logrado figurar a pesar de tener escarabajos que logran medallas, solos, en sus equipos. Hablan del basket, rugby, béisbol o lo que sea que implique la unión de dos o más colombianos para lograr un objetivo unidos. No falta, por demás, la comparación de la inteligencia colombiana con la japonesa. Un colombiano es mucho mejor que un japonés, pero dos japoneses derrotan a dos colombianos. Todos los escuchantes se tiran para atrás en sus sillas, asombrados ante esa prueba científica llena de nada y vacía de todo.
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No obstante, la teoría se cae por su propio peso. Aunque la narrativa intenta convencernos de que los colombianos unidos no lograremos nunca nada, de que el colombiano solo, o sea usted, sin la ayuda de nadie, aislado, podrá salir adelante en situaciones adversas y que así y solo así, usted podrá demostrar su verdadera capacidad de resiliencia, mientras que por el contrario, si conjugamos voces, unimos manos o juntamos hombros, cavaremos nuestro debacle, no, la verdad no es esa. La verdad es otra, es justo todo lo opuesto y tenemos ejemplos de a puño que derrumban, derriban, aplastan, esos argumentos.
Para la muestra los ciclistas Egan Bernal y Daniel Martínez quienes mostraron que cuando dos colombianos se unen, se ayudan, se apoyan, logran vencer al rival más fuerte, la propia debilidad. Los tenistas Cabal y Farah ya lo habían demostrado hace un tiempo en canchas foráneas y las chicas de la Selección Colombia también han dado muestras de conquistas, ellas juntas son la conclusión del tesón que se enfrenta ante el: “ustedes no pueden lograrlo”.
Así es mis amigos, de la misma manera que estos colombianos desnudaron la falsa teoría de que desunidos somos más fuertes, así como nos hacen creer que en equipo somos débiles, este momento, el tiempo del paro y la ya famosa Primera Línea, deben seguir fuertes, unidos, fortalecidos ante el ataque estatal. Desunidos los quieren, para vencerlos y venderlos. Este país ya no es de nosotros los viejos, esta tierra ahora es de ellos, de los jóvenes y sus anhelos y por más que nos indigne una pared grafiteada o un cristal bancario roto, son ellos los llamados, son ellos quienes deben decidir en qué país quieren vivir.
A ustedes, Primera Línea, mi respeto, muchos creemos en la lucha de los estómagos vacíos y las mentes llenas de ideas y esperanza.


