La cédula digital: el invento moderno que nadie quiere recibir

Por: John Alexander Rodríguez López - Comunicador Social, Periodista - Jhonzio@gmail.com

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En Colombia nos encanta anunciar revoluciones tecnológicas. Cada tanto aparece un “gran salto digital” que promete cambiarlo todo, desde la manera en que hacemos filas hasta la forma en que nos identificamos. Pero pocas veces la distancia entre el discurso oficial y la vida real ha sido tan grande como con la cédula digital.

Presentada con bombos, platillos y hashtags institucionales, la cédula digital debía ser el paso definitivo hacia una identidad ciudadana moderna, segura y, sobre todo, práctica.

La realidad —esa que no cabe en los videos institucionales— es otra: miles de usuarios hoy denuncian exactamente lo contrario.

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Una cédula que no certifica nada

Bancos que no la aceptan. Operadores móviles que la rechazan. Centros de servicio que nunca han visto una. Notarías que simplemente dicen “no la recibimos”. Empresas privadas que la miran como si fuera un pantallazo del celular. Esa es la ruta diaria de quienes intentan usar la famosa cédula digital.

Los operadores Claro, Tigo y Movistar no la usan para activaciones de líneas ni reemplazo de SIM. Las entidades financieras siguen pidiendo la cédula física “por políticas internas”. Y en oficinas privadas la respuesta es casi un mantra: “solo recibimos el plástico”.

Y entonces uno se pregunta: si no sirve para los trámites donde realmente necesitamos identificarnos, ¿para qué sirve?

El absurdo cotidiano

Usuarios reportan que incluso mostrando la app oficial, el QR dinámico, la autenticación biométrica y los hologramas animados —toda una demostración de seguridad— igual les exigen el plástico tradicional. ¿El motivo? Falta de equipos, desconocimiento de los funcionarios o reglas internas que nadie quiere revisar.

El resultado es casi cómico: la cédula digital terminó convertida en un accesorio de lujo… pero inútil. No agiliza trámites, no reemplaza la física, no evita filas, no resuelve nada. Solo añade una capa de frustración a un sistema que ya era confuso.

Modernización en PowerPoint

Mientras tanto, el Estado insiste en que la cédula digital es válida. Lo es, claro, en los comunicados oficiales. En las conferencias de prensa. En los PDF de las entidades. Pero no en la vida real: allí donde los ciudadanos compramos un celular, abrimos una cuenta bancaria o firmamos un documento.

El país presume una modernización que solo existe en presentaciones de PowerPoint, mientras la ciudadanía sigue cargando el mismo plástico de siempre y una cédula digital que funciona únicamente como icono en el celular.

La pregunta que el Gobierno no quiere responder

Y así llegamos a la pregunta inevitable, la que está en voz de todos pero que nadie en el Estado parece dispuesto a contestar:

¿Para qué sirve una cédula digital que ninguna entidad acepta donde realmente necesitamos identificarnos?

Hasta que esa pregunta tenga una respuesta real —no un eslogan—, la cédula digital seguirá siendo exactamente eso: una promesa vacía, una modernización de papel… o más bien, de pantalla.

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