Colombia llega a esta elección con problemas que ya no admiten espera. El próximo Gobierno recibirá un sistema de salud golpeado por la corrupción, con déficits millonarios, hospitales cerrando servicios y millones de ciudadanos enfrentando demoras en citas y falta de medicamentos.
A esto se suma una crisis de seguridad que hoy se siente en todas las regiones: grupos criminales fortalecidos, expansión de la extorsión, minería ilegal y un país que volvió a ocupar el primer lugar mundial en producción de cocaína.
El debate ya no es si el país necesita un cambio, sino cuál cambio. Desde el 7 de agosto, quien llegue a la Casa de Nariño tendrá que decidir si mantiene el camino de la llamada paz total o si redefine la estrategia frente a quienes, para muchos colombianos, han aprovechado los diálogos para fortalecerse mientras las comunidades siguen esperando resultados.
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También está el reto de recuperar la confianza en las instituciones y enfrentar una corrupción que cada año desvía recursos que deberían llegar a quienes más lo necesitan: empleo, educación, vivienda, crédito y oportunidades reales.
Por eso, para mí este momento es ahora o nunca.
Mi voto es por el Tigre. Una apuesta por la autoridad, por romper con la política de siempre y por ejecutar desde el primer día.
Abelardo de la Espriella ha planteado medidas inmediatas, entre ellas decretos para enfrentar los principales problemas del país, una inyección de recursos para salud, austeridad y un mayor protagonismo para las regiones.
En una elección que definirá el rumbo de Colombia, cada ciudadano tendrá que decidir qué camino tomar. Yo ya tomé el mío.


