«Segundones», artistas que despegaron con el segundo | Podcast

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Por: Gabriel Posada - Transformación Digital & Contenido - @GabrielPosada

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En la mitología musical, ⁠el segundo álbum es un territorio de vértigo para los artistas⁠: un abismo entre la promesa del debut y la presión de la inmortalidad, a veces con un contrato disquero en juego.

No todos los artistas nacen bajo el mismo eclipse. Mientras algunos, como Nirvana, convirtieron su segundo disco «Nevermind» en un cataclismo cultural, otros —como Fleetwood Mac— necesitaron diez álbumes, un cambio de alineación y un éxodo a California para que «Rumours» (su décimo trabajo) los coronara como dioses del soft rock en los años 70.

La llamada «maldición del segundo álbum» no es solo un fracaso comercial; es además el síntoma de una industria que exige genialidad instantánea, olvidando que el arte suele madurar en ciclos incómodos y transformaciones como la trayectoria de Pink Floyd, que comenzó sonando alegremente a lo que sonaba la alegre ola inglesa del inicio de los sesenta, para transformarse en una banda monumental del rock o «Siembra» de Rubén Blades & Willie Colón, que surgió en un momento que la salsa estaba en decadencia, pues los cantantes intentaban ingresar al mercado de la música de moda.

Un ejemplo de esta especie es el colosal «Back to Black» de Amy Winehouse (2006). Un álbum con cinco sencillos en la radio y las listas y el número lo superan los premios que ganó ese año en que no pudo actuar en persona en los Premios Grammy de 2008 debido a complicaciones con su visa y al abuso de sustancias. En su lugar, actuó vía satélite desde Londres.

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«Back to Black» vendió 3,58 millones de copias solo en el Reino Unido, convirtiéndose en el segundo álbum más vendido del siglo XXI hasta ese momento.

Con ventas de más de 20 millones de copias en todo el mundo, es uno de los álbumes más comerciales de todos los tiempos, y convirtió a Winehouse en un ícono, una personalidad compleja y una de los miembros del club de los 27 con al menos dos películas biográficas en el cine.

Su padre, Mitch Winehouse, un taxista londinense, relata en sus memorias, «Amy, My Daughter», lo fascinante que era observar su proceso creativo, especialmente al presenciar su perfeccionismo en el estudio. Él grababa lo que ella había cantado en un CD y lo reproducía en su taxi afuera para saber cómo reaccionaría la gente al escuchar su música.

«Segundones» es una colección de historias de discos de artistas que entendieron que su segundo disco no es el salto, sino el trampolín.

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