Medellín está lleno de expertos y en campaña aparecen todos

Publicidadspot_img

Por: John Alexander Rodríguez López - Comunicador Social, Periodista - jhonzio@gmail.com

Publicidadspot_img
Publicidadspot_img
Publicidadspot_img
Publicidadspot_img

Cada vez que el calendario electoral se activa, Medellín experimenta una transformación casi mágica. De la noche a la mañana, los cafés de El Poblado, los auditorios universitarios, los hilos de X (Twitter) y las tarimas políticas se inundan de mentes brillantes.

Aparecen soluciones infalibles para la movilidad, fórmulas matemáticas para erradicar la inseguridad y sofisticados planes de innovación social. Es una verdad innegable y compartida en las calles: Medellín está lleno de expertos y en campaña aparecen todos.

El fenómeno no es nuevo, pero no deja de ser asombroso. Nuestra ciudad es, sin duda, una de las más estudiadas y diagnosticadas de América Latina. Poseemos un ecosistema institucional envidiable, universidades de primer nivel y un sector privado dinámico. Sin embargo, durante los meses de contienda política, ese conocimiento técnico parece abaratarse y convertirse en una mercancía de campaña.

También pueden leer: ¡Presto se salva! Multinacional ya tiene la plata para comprar la cadena de hamburguesas

Los candidatos se rodean de comités de sabios y consultores de alto nivel que recitan cifras con una soltura admirable, prometiendo transformar el territorio desde un escritorio.

El verdadero problema de esta «expertocracia electoral» es la profunda desconexión que revela. Mientras los PowerPoints de campaña brillan por su sofisticación, el ciudadano de a pie sigue esperando el bus que no pasa, lidiando con los tacos eternos en la Autopista Sur y Norte o enfrentando los rigores de la informalidad en las laderas de las comunas.

La brillantez de un plan de gobierno en formato PDF rara vez sobrevive al choque con la realidad presupuestal y administrativa del municipio, y mucho menos al olvido que suele seguir al día de las elecciones.

Medellín no sufre por escasez de diagnósticos; sufre por falta de constancia y de escucha real. El conocimiento que la ciudad necesita para avanzar no solo está en las maestrías o en las consultorías internacionales; también está en los líderes comunitarios que conocen cómo funciona el agua en su barrio, en los transportadores y en los comerciantes locales. Esos expertos del día a día no desaparecen cuando se cierran las urnas.

Superar este ciclo de falsas primaveras intelectuales requiere madurez democrática. Los medellinenses debemos aprender a desconfiar de las fórmulas perfectas y de los analistas que solo recuerdan el camino a los barrios cuando hay votos en juego.

El futuro de Medellín no se define por la cantidad de expertos que aparezcan en la foto de campaña, sino por nuestra capacidad colectiva de exigir que las soluciones prometidas se ejecuten con honestidad, rigor y permanencia en el tiempo. Al fin y a cabo, la ciudad se gobierna con realidades, no con discursos de temporada.

- Publicidad -spot_img
Publicidadspot_img
Últimas Noticias
Noticias Relacionadas