Entre el alcázar y la catedral

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Al mediodía de aquel viernes ya estaba listo para reconocer la ciudad, con mi sombrero, mascarilla, camisa manga larga, pantalón caqui y abarcas. Tomé un breve desayuno en un local vecino del hotel e ingresé a la Ermita del Cristo de la Luz, después de comprar una pulsera que permite visitar 7 monumentos imperdibles.

Construida en el año 999, la Antigua Mezquita es el monumento en pie más antiguo de la ciudad. Esta pequeña ermita es rica en historia, en arte y en misticismo. Sus muros, columnas y techos nos conectan de manera profunda con nuestro pasado islámico. Es el Toledo de las tres culturas hecho edificio: las civilizaciones que han protagonizado nuestra historia se perciben en esta mezquita convertida en iglesia. Me impresionó la bella leyenda del Cristo de La Luz, que aún toca nuestras almas. Desde el jardín contiguo pude hacer unas inigualables panorámicas de la ciudad. Sentí tanta paz al interior de la ermita, que ingresé dos veces. A la salida, una pluma me esperaba como regalo del cielo y agradecí a Sagrario por sus recomendaciones.

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Fui en busca de un lugar para comer y al pie de la Catedral encontré un sitio llamado “La malquerida de La Trinidad” donde tuve el placer de probar las carcamusas con patatas, un plato tradicional de la cocina castellana que se prepara en Toledo. Es una carne guisada con tomate, guisantes y salsa un poco picante que se sirve caliente, tradicionalmente en una pequeña cazuela de barro acompañado de algunas rebanadas de pan. Dicen que el nombre de este guiso viene del Bar Ludeña, ideado por José Ludeña a mediados del siglo pasado. Según la cultura popular, el plato toma su nombre a partir de un juego de palabras, pues el bar era frecuentado por clientes masculinos de cierta edad (los carcas) y por algunas jóvenes, que ellos consideraban sus musas. El guiso de Don José era del gusto de ambos colectivos, por lo que en honor a ellos se denominó “carca-musas”. La intuición no falla: tan pronto escuché la palabra me conectó con la poesía y pensé dónde estaría la mía.

A las 3.30 ya estaba tributando a San Ildefonso, en la Iglesia de los Jesuitas. La historia de esta Iglesia se remonta más de tres siglos atrás. La tradición cuenta que se erige sobre la casa natal de San Ildefonso, Patrono de la ciudad. Abierta al culto en 1718, cuenta en la capilla mayor con un original retablo: una pintura al fresco, enmarcada por columnas y marco pintados en perspectiva, en trampantojo. Grandes retablos barrocos a cada uno de los lados de la nave central la convierten en un verdadero museo de la escultura que en muchos casos narran la historia de la Compañía de Jesús, presente en la ciudad durante siglos. Lo más recomendable de visitar en esta bella Iglesia es subir a sus torres gemelas. A más de 50 metros de altura nos ofrecen una experiencia única: la vista más privilegiada de la Toledo medieval y de su imponente Catedral. Allí estuve un largo rato, deleitándome en la brisa, en el silencio y aproveché para hacerle una videollamada a mi Madre.

Al salir de la Iglesia de San Ildefonso pasé por la plaza del Padre Juan de Mariana para hacerle otra foto, como en mi primera visita. Hace bien la ciudad en dedicarle este monumento a uno de los escritores más representativos de la Compañía de Jesús durante el Siglo de Oro español. A las 5 de la tarde entré a la Iglesia del Salvador, ubicada en la judería de Toledo, sitio único sobre todo por su enigmático patio y sus sorprendentes excavaciones que permiten pasearnos por los secretos del subsuelo de esta milenaria ciudad. Su Pilastra Visigoda con escenas de la vida de Nuestro Señor es maravillosa.

De paso hacia la Catedral encontré un local de esquina, “Mazapanes del Convento” y una voz en mi interior me indicó que entrara. Atendía una religiosa de mediana edad a la que le solicité me bendijera un Santo Rosario que traía en las manos. Ella lo dudó porque dijo no estar preparada para eso, pero ante mi insistencia, lo hizo con un gesto de cariño y sorpresa.

Antes de las 6 de la tarde ingresé por la puerta del reloj a la Catedral de Santa María, conocida como la Catedral Primada de España, extraordinario templo de arquitectura gótica, considerado por algunos como el opus magnum de este estilo en el Reino. Su construcción comenzó en 1226 bajo el reinado de Su Majestad Fernando III El Santo y las últimas aportaciones góticas se dieron en 1493 cuando se cerraron las bóvedas de los pies de la nave central, en tiempos de los Reyes Católicos. Está construida con piedra blanca de Olihuelas y se la conoce popularmente como Dives Toletana. Es sede de la Archidiócesis de Toledo y es tanto lo que se puede decir de su historia y arte que tardaría días en contarlo. Basta con nombrar a algunos monarcas sepultados en ella: Recesvinto, Wamba, Alfonso VII de León, Sancho III de Castilla, Sancho IV de Castilla, Enrique II de Castilla, Juana Manuel, Juan I de Castilla, Leonor de Aragón, Enrique III de Castilla, Catalina de Lancáster y Sancho II de Portugal.

Mi visita a la Catedral duró alrededor de hora y media y al salir de ella me topé con este aviso pegado en una puerta cerrada: “Una España sin sus bares, es como una España sin la ñ: Es pa ná”. Tuve en cuenta la recomendación y después de ir al hotel para cambiarme y cenar en un local de la Zocodover, fui por un gin tonic en un bar sobre la muralla. La luna estaba espléndida y la musa tampoco apareció esa noche.

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John Alexander Rodríguez
John Alexander Rodríguezhttp://elmetroco.wordpress.com
Comunicador Social - Periodista de la ciudad de Medellín con más de 20 años de experiencia. Amante de la buena música, deeejay los fines de semana y emprendedor.
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